MONEYBALL – EL JUEGO DE LA FORTUNA
No tenia la mínima idea de que se trataba de una película sobre Baseball; no soy aficionado a este deporte en realidad, suelo disfrutar mas de un buen film, y en esta oportunidad ya que fue una decisión de último momento la de ir al cine, solo seguí mis instintos al ver el cartel de Moneyball con la foto de Brad Pitt sentado en lo que parecía un parque, y no recordé haber visto una película aburrida que incluyera a este actor en el reparto desde aquella aparición en Thelma and Louise hasta El Extraño caso de Benjamín Button, así que me decidí por verla.
Basada en el libro de Michael Lewis, es una historia real, dirigida por Bennett Miller, y protagonizada también por Jonah Hill y Phillip Seymour Hoffman. Aquí Brad e es el gerente general de los Atléticos de Oakland, un equipo con un presupuesto bastante limitado que luego de estar en la final de la serie mundial Con los Yankees, pierde a tres de sus jugadores principales al ser fichados con contratos mas atractivos por equipos con mayores recursos económicos.
En este punto comienza el dilema para Billy Beane (Pitt) al tratar de conseguir reemplazos para los jugadores salientes, ya que el mercado de los posibles prospectos no esta al alcance del menguado presupuesto de su equipo. Sin embrago durante la búsqueda Bill conoce a un joven egresado de Economía en Yale, Peter Brand (Jonah Hill) quien conoce un método totalmente diferente para evaluar a jugadores a través de las estadísticas de sus promedios al lograr llegar a una base (embasarse) a su criterio, indispensable, ya que alcanzando bases se anotan las carreras y anotando carreras se ganan los juegos.
En términos de una completa empatía laboral, Billy y Pete comienzan a contratar peloteros a bajo costo, pero con gran potencial según los índices de la “sabermetría” recién adoptada y con la cual comienzan a generar fuertes fricciones con el resto de directores de equipo, acostumbrados a hacer evaluaciones mas subjetivas sobre los jugadores. Uno de los que le hace mayor oposición a Beane es Art Howe (Philip Seymour Hoffman) quien es el entrenador y sigue manejando al equipo según los convencionalismos tradicionales.
Paralelamente a esta trama van apareciendo flashbacks de la historia de Billy, cuando es reclutado para jugar en las ligas mayores por expertos del baseball, quienes lo instan a rechazar una beca universitaria a cambio de una carrera como jugador profesional, la cual no resulta como estos gurús del juego la habían pronosticado, llevándolo al cabo de un tiempo a desempeñarse como gerente de un equipo de poca monta.
De esta película me llaman la atención poderosamente dos aspectos, siendo el primero la actitud de Billy en una situación de total desventaja económica para buscar una solución a la perdida de jugadores, siempre se mantiene seguro de si mismo, no se disminuye a la hora de negociar con sus pares, se mantiene alerta y suspicaz buscando una oportunidad (así descubre a Pete). También, el pleno convencimiento y credibilidad en si mismo y en su plan para seguir adelante, lo que lo lleva a imponerse llevando a veces al extremo su objetividad, pero es esto lo que al final le permite alcanzar el cambio que busca.
Lo segundo, más relativo al guión y la producción que a la trama, es el dinamismo que se le imprime a la película haciendo de una historia desarrollada en el backstage de los estadios, donde todo se podría sospechar gris y triste, además de hablar sobre números, estadísticas, promedios y métricas, que en definitiva no son aspectos muy cinematográficos así como tampoco la parte atractiva de este deporte, pero sin embargo mantiene al espectador atento, entretenido y sobre todo, emocionado.

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